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COLUMNAS DE OPINIÓN

Fomentando el intercambio académico y cultural chileno-francés

Por: Eduardo Cuevas Rosselot,
Psicólogo PUC, Master en Emprendimiento Toulouse Business School Consejero Fundación Posgrados para Chile

Hace algunas semanas estuvo en Chile la Ministra de Educación francesa, Najat Vallaud-Belkacem. En el marco de su visita, participó en una serie de actividades, tanto en el Ministerio del Ramo como en Universidades e Instituciones. En una de ellas, invitada por la Embajada de Francia, la joven Ministra (de 37 años) lanzó la plataforma "France Alumni", orientada a generar vínculos y promover una serie de actividades culturales para los ex-alumnos que realizaron estudios de posgrado en el país galo.

Es claro que toda experiencia de intercambio en un país extranjero supone un desafío intelectual y personal potente. No se trata de recibir únicamente un cúmulo de saberes técnicos, sino que de vivir una experiencia enriquecedora que marca para toda la vida. Se tendrán encuentros personales, se formarán vínculos, se conocerán lugares, se vivirá una suerte de inmersión (medios de comunicación, ritos, actividades, alimentos, etc.) en una cultura que, paulatinamente, el estudiante pasa a vivir como propia. En otras palabras; se trata de un tiempo único que dejará una huella indeleble en el devenir de esa persona. De algún modo misterioso, se manifiesta de manera eminente el proceso de aprendizaje: desde el saber, hacia el saber HACER, para finalmente llegar al saber SER.

Entre los invitados a la actividad de "France Alumni", me tocó entrevistar como moderador a 3 ex-alumnos que pasaron por Francia; un eminente científico experto en partículas atmosféricas, un doctor en matemáticas y a un gestor cultural. Cada uno de ellos se destaca en sus respectivos ámbitos profesionales, convirtiéndose en “faros” que iluminan el quehacer cultural e intelectual del país. Como ejemplo, sólo días después de la actividad, el gestor de instituciones culturales Ernesto Ottone, fue convocado por la presidenta Michelle Bachelet para encabezar el Ministerio de Cultura.

Una primera conclusión para compartir, es que cada uno de ellos lleva su disciplina hacia los límites de su saber. Son profesionales “de frontera”, existe en ellos una vocación de búsqueda, de ir más allá del statu quo; una invitación constante a salir de la inercia y de los lugares comunes, para encontrar nuevas respuesta a nuevos problemas.

Un segundo elemento guarda relación con el hecho de que todos ellos siguen guardando vínculos estrechos con las Universidades o Instituciones francesas que los acogieron; de esa manera el vínculo intelectual y personal se proyecta en el tiempo favoreciendo a nuevas generaciones de alumnos. Se genera así un círculo virtuoso, mutuamente beneficioso, donde Chile también tiene mucho que ofrecer.

Un tercer elemento tiene que ver con un estilo de hacer las cosas, una “savoir-faire”, de darle otra vuelta, de poner el conocimiento bajo la lupa del diálogo o bajo el crisol de la argumentación. Lo anterior es muy propio de lo francés y trae aparejado una estética que lleva a los galos a hacer su quehacer laboral como si se tratara de una sinfonía, en donde todos los instrumentos tienen un rol fundamental y complementario. La ciencia no está separada de la música, ni las matemáticas de la pintura o escultura. Todos los elementos participan e interactúan armónicamente formando “un todo”, que es mucho más que la mera suma de sus partes independientes.

Todo lo anterior, me lleva a concluir sobre la importancia de establecer y potenciar los vínculos educacionales, de enseñanza superior y en la investigación, con países como Francia. Se deben buscar y financiar acuerdos que ofrezcan oportunidades académicas de primer nivel, para aquellos alumnos que prefieran alternativas educacionales y culturales al modelo anglosajón imperante. Es por esto que la labor que se realiza desde la Fundación Posgrados para Chile y otras instituciones me parece fundamental.

Sólo una diversidad educacional y una real vocación de desarrollo técnico-profesional internacional, unidas a una propuesta seria en el ámbito científico que incorpore de modo amplio e inclusivo diversas miradas, permitirá formar cabalmente a los ciudadanos de los próximos 3, 5, 10 y 20 años. Serán ellos los que en esta etapa de transición (o de crisis-oportunidad), con una visión ética y profesional de primer nivel, estarán a la altura de las encrucijadas que el país hoy nos propone.

ALIANZAS ESTRATÉGICAS